PLANETARIO LUIS ENRIQUE ERRO

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que la época de mayor trascendencia en lo que a mí corresponde en la difusión del Sonido 13 ha sido el espectáculo de luz y sonido en el Planetario Luis Enrique Erro, ya que de las cinco temporadas en cinco años consecutivos, con diferentes compañeros, se derivaron experiencias tanto negativas como positivas, interviniendo diferentes instituciones o asociaciones de índole oficial y privada.
La primera temporada, en el año 1986, cuando se estrena el instrumento musical llamado « Arpa Microinterválica », ideado y construido por el maestro Oscar Vargas Leal, único instrumento en el mundo y primero que se construye en la historia capaz de producir 909 sonidos, contando con una asistencia que llenó el planetario.
Durante la segunda, tercera y cuarta temporadas la asistencia era tal que teníamos que ofrecer dos funciones seguidas, ya que la gente se quedaba afuera, dando la segunda función con gente sentada en los pasillos y escaleras del planetario para no tener que dar una tercera función.
Contamos entonces con publicidad y presencia en los recitales de Televisa, Canal 11, Imevisión (TV Azteca), diversos periódicos y personal enviado por Radio Educación y Radio UNAM. Curiosamente, a la dirección del Instituto Politécnico Nacional jamás le interesó lo que sucedía en el planetario, jamás hubo representante alguno de las altas autoridades, hasta que, notando la considerable entrada de dinero en taquilla exigieron el control de la misma. . . entonces sí les interesó la taquilla, solamente la taquilla.
Aquello era una situación que crecía desorbitadamente, hasta que vino la quinta temporada, y « alguien », ese « alguien » que siempre decide lo que se hace y lo que no, decidió que para la quinta temporada no hubiera publicidad, quitaron la publicidad de la radio, no pasaron mensajes por televisión, los días que teníamos función apagaban las luces del exterior del planetario, se empezó a descomponer el proyector, faltaban algunas cosas de la sala de proyección, logrando con esto que diéramos las funciones con una asistencia hasta de treinta personas cuando mucho y con los efectos del proyector limitados.
Esta situación, claramente manejada por las retrógradas autoridades de México, que no permiten el progreso en la cultura del país al que sirven, hasta la fecha (2008), me obligó a presentar la renuncia del grupo y cancelar las funciones que se encontraban en puerta.
No culpo, de ninguna manera, al director del Planetario Luis Enrique Erro en aquél tiempo, Ingeniero Miguel Gil Guzmán de esta penosa situación, ya que siempre hay « alguien » arriba de todos. Por el contrario, le envío mi más sincero reconocimiento, junto al maestro Luis Morín, quien tuviera la responsabilidad técnica de la proyección de los efectos visuales durante las cinco temporadas de luz y sonido por haber permitido que el Planetario Luis Enrique Erro fuera una verdadera trinchera del Sonido 13 durante cinco años.

Armando Nava Loya (Agosto 2008)