Webmaster Copyright © 2008

WEB OFICIAL

ANECDOTAS


LOS ANIMALES SE VUELVEN LOCOS AL OIR EL SONIDO 13


¿ POR QUE NO SE DIFUNDE EL SONIDO 13 ?


REGRESO A MEXICO


TULYEHUALCO


CENTENARIO DEL SONIDO 13


INTENSO MEXICANISMO


LO QUE NO SE IMAGINARON JULIAN CARRILLO NI OSCAR VARGAS


CUESTION DE AFINADORES


PUNTO DE REFLEXIÓN


AHUALULCO DEL SONIDO 13


MÚSICA  PARA  UN  ENTIERRO

LOS ANIMALES SE VUELVEN LOCOS AL OIR EL SONIDO 13

De los dos últimos alumnos que tuvo Julián Carrillo, Oscar Vargas Leal y Davíd Espejo y Avilés fue Oscar quien construyera las arpas microtonales que el otro alumno, David, se encargara de tocar en público, siendo que hace aproximadamente 30 años el maestro Espejo se presentó en un programa de televisión del señor Guillermo Ochoa con el fin de interpretar algunas obras musicales con el sistema del Sonido 13, tocando para ello un arpa afinada en 16avos de tono.

Pues bien, es necesario dejar en claro que tanto Julián Carrillo como su Sonido 13 han sido despiadadamente atacados, prohibidos, vituperados, cancelados, boicoteados y demás salvajismos, precisamente aquí, en su país, México. Por eso, cuando el maestro Espejo interpreta en este programa de televisión obras microtonales, la misma gente del sistema, es decir, músicos, maestros de música, directores de escuelas musicales, directores de orquestas, etc., empiezan a llamar al programa diciendo toda esa bola de estupideces: que se azotaban los pájaros en sus jaulas, que los gatos se volvían locos, que los peces se salían de sus peceras, en fin, hasta que una embarazada había abortado por escuchar el Sonido 13. Para esos momentos David Espejo había ya abandonado el programa y se había dirigido a su casa, a donde el mismo Guillermo Ochoa llamó para hacerle saber el escándalo que había provocado con su intervención musical, solicitándole que en un próximo programa acudiera una de las altas autoridades del Sonido 13 para el esclarecimiento de este hecho.

Fue entonces, que, días después, acudió el maestro David Espejo en compañía de la señorita Dolores Carrillo para dejar en claro la situación de dicho "escándalo". Lanzó pues, la primera y única pregunta el señor Guillermo Ochoa, que qué opinaba de todo esto que había provocado la música del Sonido 13? A lo que la señorita Carrillo contestó que las polémicas habían sido en el año 1925, y que ahora todo eran hechos consumados dentro de una revolución musical científicamente comprobada. Saliéndose entonces el señor Ochoa por la tangente empezó a hablar bien de la familia Carrillo, pues los hijos del maestro habían ocupado puestos de muy alto nivel en el gobierno de México, dando así por terminada la intervención para el esclarecimiento del "escándalo".

No conforme con esto, el maestro Espejo fue, con su arpa de 16avos de tono a la Facultad de Veterinaria de la UNAM, en donde, en presencia del director de la facultad y de un notario público interpretó sus obras microtonales ante una asistencia que solamente eran animales, no mostrando la más mínima alteración en ningún momento ninguno de la totalidad de el "público presente", haciendo constar esto en el acta notarial, misma que se le llevó al señor Guillermo Ochoa para su lectura en televisión, obviamente no se leyó tal acta, quedando en los archivos del Sonido 13 guardada, hasta que en 1995, año en que celebramos el centenario del descubrimiento del Sonido 13 por fin se dio lectura en un programa de televisión. Es esta, la verdad sobre la anécdota de los animales que se vuelven locos con el Sonido 13.

    Armando Nava Loya (Agosto 2008)

¿ POR QUE NO SE DIFUNDE EL SONIDO 13 ?

El mismo maestro Julián Carrillo nos responderá a ello . . .

"Recuerdo que hacia el año de 1920, siendo yo director del Conservatorio Nacional de Música, dispuso el rector don José Vasconcelos que permitiera yo al entonces joven Carlos Chávez que ensayara con la Sinfónica Nacional una composición suya cuyo título no recuerdo si era entonces Pobre patria mía o Sinfonía de la patria, obra que después se tocó en un concierto en el patio de la Secretaría de Educación Pública, el 16 de diciembre de 1923, en el cual dirigimos Juan León Mariscal su Allegro Sinfónico, Carlos Chávez su obra y yo, la Novena Sinfonía de Beethoven. Son curiosos lo títiulos dados por Chávez a uno de los tiempos de su obra: <<La lucha cruel y los impulsos heróicos cuando en nuestras almas el águila devora a la serpiente>>.

Hizo Chávez en aquella ocasión más de veinte ensayos sin lograr poder dirigirla. Su torpeza era manifiesta; un muchacho con medianos conocimientos lo hubiera logrado en dos ensayos.

Molesto ante la pérdida de tiempo que ello representaba para la orquesta le dije: <mire jovencito, creo que sería más práctico que primero estudiara un poco la dirección y luego siguiera con su obra>.

Informé al licenciado Vasconcelos en este sentido y Chávez nunca me lo perdonó. Por eso, cuando años más tarde, en 1928, supe que iba dirigir una gran orquesta sinfónica, la Orquesta Sinfónica de México creí que era un gran error.

Me parece que viene al caso narrar esta anécdota por que creo que ella fue el origen de todo su antagonismo hacia mi persona, que no lo abandonó en toda la vida, y aún la legó a sus discípulos".

    Julián Carrillo (Marzo 1965)

REGRESO A MEXICO

"A mi regreso de Bélgica, en el año de 1904, al llegar a Nueva York recibí una carta en la cual me decían que un grupo de coterráneos pensaban recibirme hasta alguna de las ciudades del camino.

Esperaba, pues, a mis amigos y a medida que me acercaba a San Luis crecía mi ansiedad. Hacia las diez de la noche, al llegar el tren a la ciudad de Saltillo, Coah., oí que una banda militar tocaba el Himno Nacional. Aquí están ya, me dije, aunque me parecía demasiado homenaje que me recibieran con el himno, ya que este canto está reservado únicamente para el presidente de la República; pero pensé que quizás mis paisanos llevados de su entusiasmo llegaban hasta la exageración. Salí al vestíbulo del carro creyendo encontrar caras conocidas y me sorprendió que no hubiera ni una sola. . . a los cuantos minutos continuó el tren su marcha y con sorpresa escuché las Golondrinas y poco después otra vez el Himno Nacional. ¿Qué será esto? Me dije. ¿Por qué el Himno Nacional? y ¿por qué las Golondrinas? No me explicaba tan curioso homenaje, sobre todo por que era anónimo.

A unos cuantos kilómetros estaba descarrilado un tren de carga y tuvimos que permanecer detenidos toda la noche; al día siguiente en el carro comedor se comentaba aquel suntuoso recibimiento de Saltillo y todos se preguntaban por quién sería. Quizás venga en el tren algún general, decían unos, yo esperaba que alguien dijera: es que aquí viaja Julián Carrillo; pero nada. Entonces intervino otro pasajero matando toda mi vanidad, pues dijo: <El homenaje fue para don Jaime Nunó, autor del Himno Nacional que viene en este mismo tren>.

¡Qué plancha!, me dije, ¡qué plancha si he ido a darle las gracias al director de la banda por el homenaje que yo creía que se me tributaba. . .!

Al atardecer de aquel día inolvidable del 11 de septiembre de 1904 llegamos a mi tierra, la bella ciudad de San Luis Potosí y reconocí congregados en la estación a todos mis amigos, a numerosas comisiones de estudiantes, a la chiquillería de las escuelas primarias y a las bandas de música de la Federación y del Estado. Al detenerse el tren se escuchó un estruendoso aplauso y don Jaime Nunó que era recibido en todas partes con vítores y ovaciones, salió al vestíbulo del carro sombrero en mano y empezó a dar las gracias; cuando de pronto, se escucharon gritos de ¡Viva Julián Carrillo! ¡Viva Julián Carrillo! y el viejo don Jaime tuvo una ocurrencia genial para salvarse de aquella situación embarazosa: al escuchar mi nombre, él, que había salido a agradecer el homenaje, que creía suyo, empezó a gritar también: ¡Que viva Julián Carrillo!"

Chusca confusión de honores.

    Julián Carrillo (Marzo 1965)

TULYEHUALCO

Ya en plena difusión del Arpa Microinterválica de 909 sonidos, construida por mi maestro Oscar Vargas Leal, fuimos invitados a participar en un recital para la Feria del Amaranto en Tulyehualco, y teniendo en cuenta que la música que para dicha feria era de corte popular tropical nos podemos imaginar la extrañeza que causó al público la presentación del Sonido 13 con el arpa mencionada.

Mi compañero, Fernando García Hernández y yo, ya en el escenario, listos para comenzar nuestras interpretaciones notamos que el anunciador no nos hacía la presentación de costumbre, por lo que procedí de inmediato a dar la explicación de la obra y a interpretar la música.

Al terminar la primera obra, los aplausos hicieron notar que, efectivamente, se trataba de una interpretación musical, a lo que un tanto molesto, el director del evento me preguntó que por qué habíamos empezado a tocar sin la presentación oficial; a lo que respondí que, el anunciador estaba observándonos y nada hacía para presentarnos, por tal motivo dimos inicio sin la presentación de rigor. Inmediatamente, el director del evento llamó al presentador y reclamándole su falta le preguntó: "¿por qué no quiso usted anunciar a los músicos y permitió que empezaran su presentación por ellos mismos?" Contestando el presentador de inmediato: "En ningún momento me he negado a presentarlos señor. Lo que pasa es que yo creí que apenas estaban afinando el instrumento."

Con esto podemos darnos cuenta de la extraña impresión que produce la música del Sonido 13 a un nivel popular.

    Armando Nava Loya (Septiembre 2008)

CENTENARIO DEL SONIDO 13

Para la celebración del centenario del Sonido 13 lo único que había yo preparado fue un informe al público llamado "¿Qué ha pasado con el Sonido 13 en 100 años?", ya que no tenía planeada presentación pública alguna. Sin embargo, mucho me llamaba la atención ver en las calles de la ciudad de México carteles que anunciaban la celebración del centenario del Sonido 13 en el Convento del Carmen, San Ángel, y mucha era mi inquietud, pues no sabía quién iba a tocar, o dar conferencias, o que sé yo, pero en fin, anunciado estaba y yo no sabía de qué se trataba.

En aquel entonces, hablo del año 1995, vivía en México un investigador musical boliviano llamado César Sanjinés Franck, Presidente de la Sociedad Musical Tunkul, quien era precisamente el organizador de la celebración en cuestión, ya que al hacerme saber de ello me indicó que quien iba a dar una serie de pláticas y dos recitales era nada menos que yo. Desde luego, de inmediato empezamos a hacer los preparativos para la celebración, y la programación era la siguiente: durante cinco domingos consecutivos iba a haber un programa por domingo, estando a mi cargo la primera mitad del programa, ya que la segunda mitad correspondía a la presentación de músicos de corte tradicional, que no tenían nada que ver con el Sonido 13.

Mi participación era, dar una plática cada domingo durante los tres primeros, y los dos últimos domingos la presentación del Arpa Microinterválica de 909 sonidos, y como desde el primer domingo hice del conocimiento de la existencia del instrumento la expectación crecía y cada domingo asistía mayor número de personas al Convento del Carmen.

Y es aquí, donde la envidia de los organizadores se puso de manifiesto, pues el domingo que tenía que mostrarse el arpa no pasaron a recoger el instrumento al lugar donde se encontraba. Aún así, mi compañera en aquel tiempo, la maestra Rosa Calderón Zavala y yo acudimos a dar al público, que ya para ese momento ocupaba la totalidad del auditorio, una explicación de por qué no estaba el arpa en el escenario, ya que simple y sencillamente no habían querido recoger el instrumento los organizadores del evento.

Fue tal la incomodidad del público que algunas personas llegaron a poner en duda la existencia del Arpa Microinterválica, preguntándonos que entonces en dónde se encontraba el instrumento. Respondí al público que el instrumento se encontraba en mi casa, en la colonia Bosques de Echegaray, y preguntándome abiertamente si era posible ir a escuchar el instrumento hasta mi domicilio les contesté que sí, pero que había que cruzar la ciudad de México en su totalidad.

De manera inmediata, la gran mayoría de los asistentes se levantó de sus lugares, dejando el auditorio casi vacío, y el organizador, señor Sanjinés, de manera muy enérgica me reclamó que no podía dejar así el auditorio, ya que los otros músicos aún no tocaban. Recibiendo como respuesta: "es que nosotros no venimos a oír a los otros músicos, nosotros venimos a oír el arpa del Sonido 13", y fue así, que el recital que estaba programado para el Convento del Carmen, en San Ángel, se dio en mi domicilio particular, en Bosques de Echegaray.

Armando Nava Loya (Septiembre 2008).



INTENSO MEXICANISMO


Siempre fue mi ideal conocer Grecia, y en 1902, cuando por mi buena suerte se me concedió el privilegio de dirigir la Orquesta del Real Conservatorio de Leipzig, alternando en conciertos seguidos con Ricardo Strauss al frente de la Orquesta del Albert Hall y Arturo Nikisch con la de la Gewandhaus, el cónsul general de Grecia, pasado el concierto en que yo dirigí, me pidió condiciones para que fuera a Atenas como director permanente de la Orquesta Sinfónica; pero, no obstante lo halagador y honroso de semejante proposición, no le dí cabida por que sentía que mi deber de músico y de mexicano me obligaba a regresar a mi patria, ya que era consciente de que la cantidad que recibía mensualmente para el sostenimiento de mis estudios en Europa, aunque fuera como premio especial del Presidente de la República, general don Porfirio Díaz, provenía de los fondos públicos de la nación. Así que, tan pronto como terminé mis estudios, regresé a México, donde por extraña ironía se me hizo la más curiosa recepción como músico. Llegaba yo graduado como compositor en Alemania y como primer premio por unanimidad y con distinción en los concursos internacionales de violín en el Real Conservatorio de Gante, Bélgica. . . y aquí en mi patria se me nombró profesor de historia. . . y aun en ese puesto tan alejado de mis especialidades hubo un mundo de intrigas a las que me referiré en otra ocasión. . . y como corolario, al finalizar el año, se me envió como sinodal a las clases de cornetín. . .

Ante tantas pequeñeces en mi contra, casi lamenté no haber aceptado la dirección de la Sinfónica de Atenas, pues además de la brillante oportunidad como músico la reina de Grecia era hermana del emperador Guillermo II. De haber tenido la suerte de que mi actuación al frente de la orquesta mereciera su aplauso, el hecho habría tenido gran repercusión en Alemania. . . pero mi intenso mexicanismo me hizo aceptar sin protesta ser profesor de historia y sinodal de cornetín.

    Julián Carrillo (Febrero 1964)

LO QUE NO SE IMAGINARON JULIAN CARRILLO NI OSCAR VARGAS


Como consecuencia de las temporadas en el Planetario Luis Enrique Erro recibí una llamada del C.P. Juan Manuel Mendoza A., representante de “Festivales de Coros y Bandas A.C.” con el fin de ofrecer un recital de Sonido 13 en la Catedral Metropolitana de México. Llevándose a cabo dicha presentación el día 20 de agosto de 1988 “a teatro lleno”, se dice cuando hay asistencia general. En esta ocasión fue presentada el Arpa Micronterválica de 909 sonidos, creación de mi maestro Oscar Vargas Leal, este a su vez, uno de los dos últimos alumnos de Julián Carrillo.

Pues bien, ya estando en plena interpretación musical, a la mitad de la obra empezaron a sonar algunos tubos del órgano, situación que me descontroló en la interpretación pues de inmediato pensé que era provocado para interrumpir de alguna manera el recital. Sin embargo continué, y al finalizar mi intervención musical, en el habitual diálogo que hacía con el público les manifesté que todo había sido una experiencia maravillosa, pero lástima que “alguien” se había subido al órgano para hacer sonar sus tubos e interrumpir la obra musical, y al comentarles esto, de una manera general empezaron a gritar y mover los brazos en sentido negativo, diciendo que nadie estaba en el órgano, que los tubos empezaron a sonar solos con la resonancia del arpa. . .

Esa fue la respuesta del público en general en aquel momento en que por primera vez en la historia de México se interpretó Sonido 13 en la Catedral Metropolitana.

Armando Nava Loya (Octubre 2008).


CUESTION DE AFINADORES


A mediados de la década de los ochentas hubo, en el Museo Nacional de Arte una exposición de pintores mexicanos, que pacientemente veíamos la familia de mi maestro Oscar y yo, y sucedió que, cuando al visitar la sala principal del museo, se encontraba afinando el piano de cola un afinador que nos llamó la atención pues era invidente, de tal manera que permanecimos en silencio al lado del piano hasta que terminó su labor.

Inmediatamente después de terminar interpretó brillantemente una obra de Juan Sebastián Bach; ¡qué espectáculo tan maravilloso!

Una vez que hubo guardado su material de afinación y dispuesto a partir preguntó que quién iba a tocar ese día, a lo que de inmediato le respondieron: José Antonio Alcaraz, maestro.

¡Y para José Antonio Alcaraz me hacen afinar un piano de esta categoría! ¡No es posible!

Tal fue la contestación del iracundo maestro afinador de piano, y con justa razón, pues los que hemos escuchado “la música de Alcaraz” sabemos cómo se las gastaba con sus “composiciones”. Así que salimos la familia de Oscar y yo dándole la razón al maestro afinador y comentando que cómo era posible que sucediera esto en el ambiente musical de México, sobre todo yo, era el que más protestó ese día.

Sin embargo, debido a las irracionales imposiciones de las autoridades inculturales de nuestro México, que siguen igual hasta la fecha y son los mismos, había que soportar continuamente a “compositores” de la calaña de Alcaraz, y Alcaraz era el que en ese tiempo estaba de moda, por lo que no pasó mucho tiempo para volver a oir a Alcaraz, sólo que ahora, para su nuevo “concierto” tuvo el cinismo de acudir a la señorita Dolores Carrillo para que le prestara el arpa de 16avos de tono para “efectos especiales”, y así fue. . . le prestaron al nene juguete microtonal para su función.

En ese tiempo estudiaba yo con los Pianos Metamorfoseadores Carrillo y llegué a la casa del maestro una tarde, recibiéndome la señorita Carrillo muy cordialmente, como siempre y diciéndome: “Señor Nava, quiero pedirle por favor que vaya a la Sala Ponce de Bellas Artes y le afine el arpa de 16avos de tono al señor Alcaraz.”

Y ahí fui inmediatamente, a afinarle el arpa de 16avos de tono al señor Alcaraz. . . . . . .

Armando Nava Loya (Febrero 2009).


PUNTO DE REFLEXIÓN


En el año de 1995, fui invitado, como lo menciono en el tema “Centenario del Sonido 13”, de la sección “ANECDOTAS”, a ofrecer una serie de conferencias con dicho motivo.

Empero, mucho me llamó la atención el hecho de que un grupo de jóvenes músicos, participantes con su estilo musical adjuntos al homenaje en cuestión me hicieran una “muy insistente invitación” para que tocara el violoncello dentro de su participación.

El recital se llevó a cabo tocando yo el violoncello junto con este grupo de jóvenes músicos que, dentro de su instrumentación tenían un teclado electrónico marca Roland que me fue mostrado por ellos antes del recital, comprobando que dicho teclado es capaz de producir cuartos, octavos y dieciseisavos de tono con sólo oprimir determinado botón o control, hecho que de inmediato hice del conocimiento del público con la intención de dejar a manera de reflexión los siguientes cuestionamientos:

1.- ¿Cómo obtuvo la casa Roland las afinaciones de 4os, 8avos y 16avos de tono?

2.- ¿Dieron acaso, el crédito a Julián Carrillo y su descubrimiento?

3.- ¿Habría algún acuerdo con la familia Carrillo?

4.- ¿Cómo sugiere la casa Roland la escritura para dichos intervalos?

Sin duda, de aquí emanan muchas preguntas más, ya que estando prohibido el Sonido 13, ¿cómo justifica la difusión de los microtonos casa Roland?

Esto es algo que hasta ahora no logro entender. . .

Armando Nava Loya (Abril 2009).


AHUALULCO DEL SONIDO 13


Hace un par de días que tuve la sorpresa de ver en la pantalla de la televisión el reportaje de un noticiero que se iniciaba con la perspectiva de una carretera y un letrero que decía: 10 kilómetros Ahualulco del Sonido 13.

El milagro de la televisión me trajo, al contemplar la tierra donde nací el 28 de enero de 1875, todo un mundo de recuerdos; y al divisar a lo lejos las torres de la iglesia, me vi niño de apenas seis o siete años, formando parte del grupo de muchachitos que al salir de la escuela hacía faena yendo al río a traer arena y piedras para proseguir la construcción del templo; y que fue también el que ayudara a subir la primera campana que hubo, tirando de una reata.

Enfocaron después las cámaras la casa de mis padres, don Nabor Carrillo y doña Antonia Trujillo de Carrillo, y recordé cuando el viernes 22 de mayo de 1885 salí de madrugada, montado en un burrito y acompañado por mi madre y mi hermano Maximiano, para ir al través de las montañas rumbo a la capital, San Luis Potosí, adonde me llevaban con el propósito de que estudiara lo necesario para regresar después al pueblo, en un plazo máximo de dos años, convertido en el “cantor de la iglesia”, título magnífico que ennobleciera Juan Sebastián Bach y que ostentó en la iglesia de Santo Tomás en Leipzig.

En el acto de contemplar el panorama de mi pueblo pasó ante mis ojos vertiginosamente la visión del progreso, pues en aquellos lejanos días de 1885 necesitamos catorce horas  para recorrer la distancia de treinta y dos kilómetros, que hoy, en automóvil y por la magnífica carretera que une Ahualulco del Sonido 13 con la capital del Estado, se hace en veinte minutos.

Vi  después la placita con la plaza del Ayuntamiento, en cuyo frontispicio se ostenta la placa en la cual está grabado el decreto de las autoridades, cuando se agregó a Ahualulco, a manera de patronímico, el de Sonido 13.

A este respecto, debo dar la razón oficial que se tuvo para ello y que narra en un libro escrito en 1945 el profesor y periodista oaxaqueño don José Velasco Urda, basado en cuarenta entrevistas que tuvo conmigo.

En efecto, en las páginas 15, 16 y 17 dice lo siguiente: “Cuando el gobernador de San Luis Potosí conoció los juicios tan laudatorios de los países más cultos del orbe en relación con la obra de Carrillo, entusiasmado dijo: Jamás se había tributado honor semejante a ningún mexicano; y cuando Suecia felicita oficialmente a México por tener a Julián Carrillo nosotros los potosinos debemos estar orgullosos de que un ciudadano nacido en nuestro Estado sea quien haya logrado para su patria –que es la nuestra-, por sus méritos personalísimos, una felicitación de tal naturaleza, única que ha recibido México en toda su historia. Es pues, deber nuestro dar una prueba de que apreciamos en todo lo que vale semejante honor, dando su nombre a una de las principales calles de nuestra capital; y en cuanto al venturoso pueblecillo donde él nació, debemos hacerlo partícipe y denominarlo Ahualulco del Sonido 13”.  

Para ello se expidió lo siguiente: “Decreto del ayuntamiento de Ahualulco. 2 de junio de 1932. Se consagra por completo la Villa de Ahualulco, S.L.P., Méx., a la obra inmortal del Sonido 13, de nuestro excelso maestro don Julián Carrillo, por sus antecedentes meritísimos, así como por la conveniencia en todos sentidos, tanto más por el mejoramiento futuro de este pueblo, denominándose desde el día de su celebración, 13 de julio de 1932, Ahualulco del Sonido 13  y dedicándose sus calles, plazas y lugares especiales con los nombres de los familiares y colaboradores nacionales y extranjeros”.

Existen, pues, desde aquella fecha, una calle con el nombre de mi padre, don Nabor Carrillo; una plaza con el de mi madrecita, doña Antonia T. de Carrillo; la calle de Leopoldo Stokovski, paladín de mi música en los Estados Unidos y que ha dirigido mis composiciones en el Carnegie Hall de Nueva York, la Academy  of Music de Filadelfia, en Washington, Pittsburg, Minneapolis, Baltimore, Houston y en esta ciudad de México.

Está la calle de George Rimsky-Korsakoff, quien vivamente interesado por mis teorías, lograra un acuerdo del gobierno soviético en 1929 para implantar, en el Conservatorio de Leningrado y en el Instituto de Ciencias, mis postulados músico-revolucionarios.

Se honró también a mi maestro don Flavio F. Carlos, dando su nombre a una calle.

En mi pueblo está la calle Refugio Centeno, quien encontrara, antes que nadie en el mundo, el procedimiento para producir los cuartos, octavos y dieciseisavos de tono en los cornos, las trompetas, los trombones, las tubas y todos los demás instrumentos de émbolos y boquilla circular.

Existe la calle Baudelio García, que fue quien construyó la primera guitarra de cuartos de tono; está la calle de Ángel Reyes, organizador del primer “Grupo 13” de La Habana, Cuba, conjunto que llevó a Nueva York y lo presentó en conciertos tocando mi música.

Hay también una calle “Grupo 13”, honrando así a mis discípulos que tomaron parte en el concierto histórico del 15 de febrero de 1925, cuando se oyeron por primera vez en el mundo composiciones en dieciseisavos de tono y sus compuestos.

Y al recordar, por el milagro de la televisión, las realizaciones de la ciencia, los adelantos asombrosos que ponen ante nuestros ojos panoramas maravillosos, aun de los países más lejanos, que nos hacen presenciar en el momento mismo en que suceden acontecimientos que ocurren a miles y miles de kilómetros de nosotros, y que a mí proporcionaron esta vez el placer de contemplar el lugar donde nací y pasé los primeros años de mi niñez, me digo; ¿cómo es lamentable que muchos de mis colegas no sientan la fuerza avasalladora del progreso y sigan enseñando en los conservatorios e institutos musicales teorías absurdas, anacrónicas y aun risibles, en vez de aprovechar las conquistas de mi revolución que el mundo entero ha recibido con aplausos?

Julián Carrillo (Enero 1964).

MÚSICA  PARA  UN  ENTIERRO


Había la costumbre en aquella época en San Luis Potosí, de que cuando moría una persona rica fuera la música a tocar durante los responsos, y a veces a llevar el cadáver hasta el cementerio, tocando lo que se podía: polkas, mazurcas, valses, danzas, etc.

Pues bien, en una de tantas ocasiones, se me dijo: “Hay que citar a los músicos para ir a tocar a un muerto en Santiago del Río. . .”  

Como ignoraba yo qué clase de repertorio debía llevar, se me dijo: “No seas tonto, para tocar en los entierros de los muertos, no se llevan papeles. . .” Ante aquella orden, nada tuve que decir; pero tuve sin embargo, la curiosidad de lo que se iría a tocar. Empezaron a reunirse los músicos, (8 en total) y uno o dos cantores; y al llegar el cura a ponerse sus vestiduras, allí fue Troya, pues cada músico empezó a tocar lo que le vino en gana, y resultó un pandemónium muy semejante al “Desconcierto” para cuatro Cornos de don Carlos Chávez, pues este señor aunque algo debe saber por tantos años que lleva ya de chamuscar la música -según frase de uno de sus admiradores (¿?)- eso poco que sabe le estorba para igualar a mis paisanos los músicos de la orquestita del maestro Flavio F. Carlos, en los años de 1886, quienes tocaban improvisando cada uno en el tono que quería, lo que quería y lo que podía. Yo no entendía media palabra de técnica musical, y por lo mismo no me daba cuenta de semejante profanación, pero en este año de 1942, veo que muchos llamados modernistas tampoco saben media palabra, y que amontonan sonidos y más sonidos, como si se tratara de llevar a enterrar un muerto en Santiago del Río allá por los años de 1886, en San Luis Potosí.

Julián Carrillo (1942).